miércoles, 16 de enero de 2008

Dear

Me preparo para escribir una carta. Cuando estoy frente a la pantalla (porque mandaré un correo electrónico con la formalidad que distingue a la redacción en papel, para no perder la melancolía) asumo con tristeza que no sé escribir cartas, que mandé sólo una a Buenos Aires, seis años atrás. Entonces decido describir las últimas fotografías que me hicieron pensar con más claridad acerca de todo esto, de todo esto que me sucede.
Una oveja atacando por el pecho a una chica con una Cannon año 81 comprada en directamente en Francia.
Un choque en cadena por la Panamericana. Treinta autos que no pudieron frenar a tiempo sobre el asfalto húmedo.
Una página de internet con fondo blanco y letras azules
“Oh! How do you do it, dear”
“You are rare, dear, mixture of words”
Mi compendio de poesías escritas para un taller literario sobre la reposera del jardín. Año 2001. Vuelto a leer en el 2008, con vergüenza y desdén:
“Le hubiese despedazado la piel hasta sacarle el corazón” dice la línea final de un fragmento que se titula:
“Para Poe”
A pesar de la repulsión de ver mi letra en esos poemas, terminé comprendiendo el por qué de mi último libro.
Muy cerca de mi reposera y mi compendio (y no siendo ya una fotografía propiamente dicha) se suelta una frase contundente:
-No vomito desde que me separé de él-
-¿ Y antes de eso vomitabas mucho?-
- Cada vez que tomaba alcohol, al volver a casa o en algún momento del día siguiente, vomitaba hasta dormir sobre el piso frío del baño; me encantaba acostarme cerca del inodoro-
- ¿Y no te das cuenta lo que eso quiere decir?-
Entiendo que no hay nada más que se pueda hacer acerca de todo esto, de todo esto que me sucede.

1 comentario:

moraki mun dijo...

por dios, q relato lleno de signos. me encanta el cortar y pegar en la escritura. el final es un misterio y puedo reconocerme muy cerca de el. saludos.